9 de abril de 2014

Kurt vive

El 5 abril de 1994 será recordado por siempre. Ese día, con tan sólo 27 años, se suicidaba Kurt Cobain, mítico líder de Nirvana y referente indiscutido de la escena grunge de los años ´90. Pasaron veinte años su famosa frase de despedida: “Mejor quemarse que apagarse lentamente”, encontrada en su carta final. La decisión estaba tomada y parecía no tener vuelta atrás: Cobain le decía adiós al mundo que lo vio triunfar pero que tanto lo atormentaba.

¿Qué dejó Cobain como legado? ¿Cómo fue que una banda de Seattle llamada Nirvana pasara de un pequeño pueblo de Estados Unidos a conquistar el mundo? Charles Cross, periodista y biógrafo de Cobain, reflexiona: “Kurt nunca encajó en la sociedad, pero cuando empezó a hablar de sus conflictos internos, lo hizo y se movió hacia el mundo”. Muchas veces, del dolor y el sufrimiento más profundo, surgen las grandes creaciones y rupturas. Nirvana lo logró.


Kurt Cobain nació el 20 de febrero de 1967 en Hoquiam, Washington, hijo de Donald Cobain y Wendy Fradenburg. Su infancia transcurrió en Aberdeen, un pequeño pueblo del Estado de Washington. Desde muy chico, manifestó especial interés por la música: escuchaba a Ramones, Electric Light Orchestra, Kiss, Black Sabbath y a The Beatles. Pero a los 9 años, su vida cambiaría para siempre: sus padres se separaron y, en el marco de ese conflictivo divorcio, Kurt empezó a sentirse apenado por una situación de la que él se responsabilizaba. Entrevistado por el periodista John Savage, aseguró: “Recuerdo sentirme apenado, triste por mis padres. Me avergonzaba compararme con mis amigos de la escuela, porque yo ansiaba pertenecer a ese tipo de familia clásica, a una familia típica. Madre, padre... Yo quería esa seguridad. Odié a mis padres durante años por esa razón”.

Inicios y consagración

Vivía de a ratos con su padre y por momentos con su madre. La relación con ambos siempre fue conflictiva.

Con 14 años recibió de regalo su primera guitarra y fue en ese momento en que comenzó a descubrir parte su potencial artístico, interpretando canciones de AC/DC, Led Zeppelin y The Beatles.


A mediados de 1987, Kurt convenció a su amigo bajista, Krist Novoselic, de iniciar una agrupación. Junto a Chad Channing en batería, sentaron las bases del posterior éxito de Nirvana. En 1989 grabaron “Bleach”, su primer disco, bajo el sello independiente Sub Pop Records.

En 1990, Channing dejó la banda y el por entonces baterista de Scream sería el encargado de reemplazarlo: Dave Grohl. Fue ese quizás el momento de mayor creación y explosión artística y comercial de la banda: el 24 de septiembre de 1991 salió a la venta Nevermind, producido por Butch Vig a través de DGC Records. El disco se convirtió en un rotundo éxito, gracias a la repercusión de hits tales como Smells Like Teen Spirit, Come As You Are o Lithium.

La clave de la popularidad de “Nevermind” consistió en la composición de su música, con melodías “pegajosas” y letras profundas. Kurt convivía con intensos dolores físicos en su espalda y, por momentos, con una depresión que lo agobiaba. Tuvo problemas por su adicción a la heroína, que le valieron varios intentos fallidos por recuperarse. Paradójico y real: desde el sufrimiento más hondo, una usina creativa que produjo una ruptura en el rock.


“Nevermind” desplazó a Michael Jackson del primer puesto en ventas según Billboard. Fue en pleno año 1992 cuando Nirvana se convertía en referente para la conocida generación X. El glam rock de los 80s estaba sepultado. 

Kurt Cobain demostró ser un front man desprejuiciado, sin límites creativos. No le gustaba la fama: la despreciaba. Es por ello que en ocasiones se encerraba durante horas y días en hoteles baratos escapando del acoso de sus fans y de la prensa. No quería responder al estereotipo de la estrella de rock y ser funcional a ese estilo de vida. Pero durante los 5 intensos años de Nirvana, se terminó convirtiéndose en todo aquello que odiaba: una estrella de rock para parte del mainstream de la época.

Music Television

MTV jugó un rol clave en este fenómeno grunge. En una época sin internet, la cadena de videoclips hizo que la banda llegara a los rincones más insólitos. Con el lanzamiento del videoclip del tema “Smells Like Teen Spirit”, Nirvana estaba a las puertas de un fenómeno mundial.

1993 fue otro año importante en la meteórica carrera de la banda: el 21 de septiembre lanzaron “In Utero”, tercer y último disco de la banda de Seattle. Eran momentos de excesos y del tormentoso matrimonio de Kurt con Courtney Love, una ascendente cantante punk, madre de su única hija, Frances.


Kurt no soportaba el éxito comercial de la banda, ni mucho menos la sensación de ser un referente para una generación. Nirvana le contaba al mundo lo que miles de jóvenes buscaban expresar: angustias, temores y avatares de relaciones sentimentales en una sociedad cada vez más materialista sin horizontes claros. Fue una generación marcada por la caída del muro de Berlín, la aparición del SIDA y de los inicios de internet. Hijos de los conocidos baby boomers, retomaron la idea “no future” de los punks de los 70s. Veían en Cobain a alguien como uno de ellos: enojado, confundido, resentido y con un estilo particular. Muchos empezaron a idolatrarlo, a vestirse como él, a imitarlo.

El adiós

A comienzos de 1994, la banda comenzó una gira por Europa donde empezó a percibirse un Cobain con dolencias físicas agudas y momentos de bajones anímicos, los cuales hicieron que muchos de los conciertos declinaran musicalmente. En marzo de ese año, en una escala del tour en Roma, fue encontrado inconsciente producto de una combinación de Rohypnol y alcohol. También, la adicción a la heronía reaparecía en un cuerpo cada vez más debilitado y una mente atormentada por una vida de complejos traumas que nunca pudo superar.

El 8 de abril de ese año, Kurt Cobain fue hallado muerto en su casa de Seattle. En el lugar encontraron una escopeta y una nota. Se había suicidado un mito viviente de la cultura de fines de siglo XX. La historia escribiría en sus páginas, una nueva tragedia en el rock.

Con la muerte de Cobain se disolvía Nirvana y con ella también, comenzaba el fin del grunge como género dentro del rock. Este movimiento se caracterizó por sus guitarras desalineadas, voces ásperas y “desobedientes” para los estándares musicales conocidos del momento. Sus letras expresaban apatía, desencanto y agresividad. El grunge vino a ser un híbrido entre el punk y el metal. Bandas como Pearl Jam, Mudhoney, The Melvins, Veruca Salt, Stone Temple Pilots, Soundgarden y Alice in Chains formaron parte de este movimiento en plena década de los 90s. Hoy, muchas de ellas siguen activas pero con una metamorfosis musical que hace del grunge, sólo una reminiscencia.

Este 5 de abril se cumplen 20 años de la muerte del referente indiscutido de la generación que vio en Nirvana, la expresión cabal de los sentimientos de una época. En tan sólo cuatro años, la agrupación emblema de Seattle pasó de ser una simple (pero compleja) banda de un pueblo estadounidense para conquistar el mundo, encabezando un movimiento social, musical y cultural. Lidiar con el éxito nunca fue tarea fácil para Kurt Cobain: no lo entendía. Lo despreciaba. No lo soportaba. Las presiones del sistema serían demasiado para este joven que se fue con sólo 27 años, pero que, para miles de fanáticos, todavía vive.


A continuación, Nirvana en vivo en Río de Janeiro en el marco del Hollywood Rock Festival, 23 de enero de 1993.



Luis Ñáñez
Periodismo Especializado I
UBP
9/4/2014


11 de marzo de 2013

Palacio Ferreyra: pasado y presente

Entrar al Museo Superior de Bellas Artes Evita (Palacio Ferreyra) es empezar a bucear en parte de la historia de nuestra Córdoba de fines del siglo XIX y, sobretodo, de principios del siglo XX. El Palacio Ferreyra funcionó como vivienda familiar del Dr. Martín Ferreyra y su descendencia, entre 1916 y mediados de la década del 80. Todo un símbolo de la clase pudiente argentina en esa época.


Desde octubre de 2007, el hoy Museo Evita exhibe una destacada selección de obras que conforman el acervo artístico-cultural de nuestra provincia. La colección permanente, propiedad del Gobierno de Córdoba, manifiesta variados lenguajes europeos como así también, las primeras incursiones de los artistas locales para constituir lo que será un circuito de Bellas Artes en el corazón de nuestro país. Artistas como Enrique Policastro, Fernando Fader, Lino Enea Spilimbergo, José del Monte, Emilio Caraffa, Emiliano Gómez Clara, Ramón Gómez Cornet, entre otros, forman parte del legado patrimonial en las artes visuales que hacen a nuestra historia e identidad cultural mediterránea.

Mucha de la formación de los pintores que intervinieron en esta etapa de construcción del circuito de Bellas Artes, fue influenciada por sus estudios en Europa entre las décadas del ´20 y ´50, como así también por el aporte de referentes de la escena artística nacional.


Gran parte de las obras expuestas en el museo se caracterizan por el uso del óleo como técnica pictórica para la manifestación de experiencias locales, de nuestras costumbres y lugares más emblemáticos. Asimismo, las obras plantean variadas relaciones entre diferentes técnicas y soportes que complementan la constitución de este espacio de arte contemporáneo. En ese sentido, encontramos muestras de arte moderno en el subsuelo del Palacio: colecciones de Marcos Acosta, Sara Goldman de Freiberg, Juan Canavesi, María Teresa Belloni, entre otros. Claros ejemplos de convivencia y ruptura que vinculan distintos elementos de nuestra cultura y vivencias colectivas.

Según la información brindada por guías del lugar, "la colección de un museo de bellas artes está vinculada necesariamente a la idea de historia y tiempo. Por lo tanto las obras que se exhiben en este Museo nos conectan con una tradición artística desde el presente. La historia que contamos a través de las exposiciones no pretende ser fija e inamovible sino que propone activar una respuesta reflexiva siempre actualizada. De esta manera las obras traspasan el contexto donde se crearon y por ello su tiempo no es el del pasado sino el de la evocación de tiempos heterogéneos."


La visita al Museo Superior de Bellas Artes Evita Palacio Ferreyra debe ser materia obligada para todos los turistas y habitantes de Córdoba. Y esto lo afirma quien suscribe esta nota: desde que el museo abrió sus puertas en 2007 nunca lo había recorrido. Sin ser experto en la materia, uno puede zambullirse en una parte del legado artístico cultural de Córdoba y seguir encontrando rasgos de nuestra idiosincrasia y conocer más acerca de un edificio que marcó una época de nuestra sociedad. Muy recomendable.


Luis Ñáñez
Arte Contemporáneo
Universidad Blas Pascal
11/3/13